LA MAGIA DEL EGOÍSMO | Mis reflexiones

Creo ser de las pocas personas que encuentran el egoísmo una cualidad, o al menos en cierta medida. Nunca he entendido por qué. Yo soy a menudo egoísta, y no me avergüenzo de ello, ni pienso que nadie debería hacerlo. Tampoco pretendo irme a ningún extremo. Simplemente opino que no en todas las situaciones se puede ser altruista, y algunas requieren de nosotros que no lo seamos.

Voy a ponerte algunos ejemplos. Pongamos el caso de que tu mejor amigo, llamémoslo David, quiere hacerte ir con él a un concierto de su grupo de música favorito un viernes noche, en el que tú planeabas quedarte en casa viendo películas y comiendo palomitas. ¿Qué deberías hacer, acompañarlo y perder una noche para ti, o dejarlo colgado? Es presumible que ésta vez escojas dejarte llevar por la primera opción.

Pongamos otro caso. David tiene muchos problemas para encontrar un profesor de matemáticas particular, pero como a ti se te da bien la materia, te pide que le ayudes a estudiar una o dos veces por semana durante todo el semestre. Ahí ya te lo piensas más. Tal vez termines por aceptar, puesto que es tu amigo y por eso te ves obligado a ello, pero algo dentro de ti te incomoda. ¿De veras vas a acceder a perder dos horas semanales por alguien que no se ve con suficiente corazón como para enfrentarse a un libro de matemáticas por sí mismo? ¿Tan valiosa es vuestra amistad como para poder negarse? Y, sobretodo, ¿qué ocurrirá si lo haces? ¿Se enfadará contigo, dejaréis de ser tan buenos amigos?

Si optas entonces por el sí, estarás dejando de lado tu bienestar, no sólo por las horas gastadas en algo que no es de tu provecho, sino por el remordimiento de tu conciencia. En cambio, si te decides por el no, pasándote al lado de los egoístas, tal vez te enfrentes a numerosas críticas y prejuicios ajenos, pero al fin y al cabo haces lo mejor para ti. Por otro lado, ¿quién es más egoísta, tú al negarte, o él al pedírtelo?

Es admirable la capacidad de una persona de decir no. Muy pocos son los capaces de hacerlo, y son éstos los únicos con el pase directo a la felicidad. Porque para lograr hacerlo, siempre del modo y en la situación adecuados, son necesarias la autoestima y seguridad en uno mismo, así como un juicio acertado y decisión.

Es necesario tener siempre en mente una balanza. En un lado, estás tú, con tus valores, tus objetivos y tus prioridades. En el otro, está la otra persona. ¿Qué lado pesa más? ¿Qué puedes hacer con tal de equilibrarla? ¿Qué puede hacer la otra persona?

De todos modos, está bien echarle un vistazo a la definición de egoísmo en la RAE: “Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.”  Un poco exagerado, tal vez. La definición de egoísta de Google es preferible, en mi opinión: “Que antepone el interés propio al ajeno, lo que suele acarrear un perjuicio a los demás.”

De ninguna manera un ser egoísta va a ser feliz, pero tampoco lo va a ser uno altruista. Porque, si algo sé por seguro con estos pocos años que tengo, es que el acierto está en el equilibrio, y que todos debemos serlo todo en cierta cantidad. Y en esta corta y única vida que vivimos, nada debe interponerse entre nosotros y nuestras metas, aunque a veces eso signifique ser egoísta.

Escrito por Alejandra Ubieta

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