LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Este mes sin escribir me ha pasado larguísimo; exámenes, trabajos, fiestas de despedida, celebraciones… A duras penas he logrado leer un único libro. Pero después de todo este esfuerzo, creo que ya era hora de hacer lo que me apetecía (y que llevaba un mes planeando). Como bien dice el título, hoy toca hablar de Lo que el viento se llevó. Un clásico, más del cine que de la literatura, pero no por ello deja de ser un buen libro. Con sus más de mil páginas llenas de pasión, sarcasmo y sufrimientos, lleva ya más de 30 millones de ejemplares vendidos, cifra que sigue aumentando día a día.

“Dios sea testigo de que los yanquis no van a poder conmigo. Voy a sobrevivir a esto, y cuando todo termine no volveré a pasar hambre otra vez. Ni yo ni ninguno de los míos, aunque tenga que robar o matar. ¡Dios sea testigo de que nunca más voy a pasar hambre!”

Margaret Mitchell escribió Lo que el viento se llevó en 1936, hace exactamente 80 años. Sin embargo el libro se sitúa en ya avanzado el siglo XIX, justo al caer la Guerra de Secesión sobre los Estados Unidos. Es la historia de Scarlett, una chica medio irlandesa de 17 años de carácter egoísta y obstinado, que tan solo piensa en sí misma y en todo aquello que pueda afectarla, inocente a causa de la edad, atractiva a todos los hombres que la rodean y fastidiosa a las mujeres, que se sale de los pretextos de la época y sigue su propio instinto a la hora de actuar… Desde el inicio de la historia, se encuentra con un objetivo primordial: conquistar a Ashley Wilkes, un hombre poco ambicioso, enamorado de los libros e indiferente a la guerra que tantos otros esperan con impaciencia; en pocas palabras, un ser contrario a Scarlett en todos los sentidos. A pesar de que Ashley contraiga matrimonio con Melanie Hamilton y de que Scarlett tenga a su disposición todos los demás chicos que quiera, ésta insiste en conseguir aquello que se ha propuesto sin pararse a pensar ni un solo instante…

Título original: Gone with the wind

Autora: Margaret Mitchell

Fecha de publicación: 30 de junio de 1936

Editorial en español: S.A. EDICIONES

Páginas: 1056

Y para empezar, hablemos del título. ¿Qué quiere decir LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ? En ningún momento del libro se cita una frase parecida a ésta, jamás se hace ni una sola alusión al viento. Sin embargo, nada más comenzar la película, ya hay una pequeña aclaración, que aunque no resuelva todas nuestras dudas, nos indica la dirección que quiere tomar. Ésta dice así:

“Hubo una tierra de caballeros y campos de algodón llamada viejo Sur. Aquí en este precioso mundo, la galantería hizo su última reverencia. Aquí se vio por última vez a los caballeros y a sus bellas damas, al amo y al esclavo. Búsquenlos en los libros, porque ahora no son sino el recuerdo de un sueño, una civilización que el viento se llevó.”

La historia comienza en un día de verano, lleno de risas y carcajadas, donde todo el mundo vivía feliz y sin preocupaciones. Se hablaba de la guerra como algo emocionante que estaba al caer, y que todos esperaban con impaciencia. Pero cuando ésta misma estalla, el mundo tan feliz en donde los habitantes sureños hacían sus vidas desaparece, y se convierte en un montón de cenizas y recuerdos de nostalgia. Al decir que es una civilización que el viento se llevó, usamos una metáfora para referirnos a que ha desaparecido.

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“No estoy en disposición de hacer nada en el mundo, porque el mundo al que yo pertenecía ya no existe.”

Algo que se refleja con perfección en el libro, es el cambio de mentalidad de la gente respecto a la guerra. Al comienzo, ésta se ve excitante y esperada con impaciencia; pero no hace falta más que estalle para que los sureños se den cuenta de que es una causa perdida, por muchos soldados que envíen. La angustia de las mujeres de no saber nada de sus padres, hijos, maridos e incluso abuelos que fueron a la guerra y no se volvió a saber de ellos, ver soldados cada día más descuidados y hambrientos, con harapos en vez de ropa y heridas tan profundas que despiertan repulsión. Las muertes eran cada vez más numerosas, tanto, que dejaron de escribir cartas para anunciarlas. Éstas acabaron sustituyéndose por listas de nombres de hombres muertos o desaparecidos, que tardaban meses en anunciarse. Mientras buscabas por orden alfabético el apellido de tu marido, deseando con todas tus fuerzas no encontrarlo, podías encontrarte a tu sobrino, a tus dos primos o a un amigo de la infancia que tenías ya casi olvidado inscritos, dándote cuenta de que al cabo del tiempo sería un milagro volver a ver a tu marido.

“Pensaré en todo esto mañana, cuando pueda soportarlo mejor.”

El desconsuelo de no tener noticias, de tener que enterarse de todo de boca en boca, de convertir en tan solo unos meses la sensación de victoria segura a derrota inminente. De pensar que todo lo que ocurría estaba a muchos quilómetros de tu hogar y que no te podía pasar nada, a oír los cañonazos de noche mientras dormías, a saber que en unos días tendrías que huir porque si no, la guerra te atraparía a ti también.

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“¡La muerte, los impuestos y los hijos! ¡Todo ello siempre viene cuando menos falta hace!”

Pero no llego a saber qué es peor, si la guerra, o lo que la precede. Miseria y humillación, pobreza y sufrimiento. Los líderes pasan a ser criminales, los ricos a ser pobres, los pobres a ser ricos, y los esclavos negros a ser líderes. Claro que para cada uno es distinto. Para los que eran líderes y ricos, la posguerra se ve como un castigo; sin embargo, los pobres enriquecidos y los esclavos negros lo ven de otra manera. Para los primeros no hay ningún problema, y para los segundos, aunque parezca que tampoco, no lo veo tan claro. Sí es cierto que la mayoría de esclavos, al ser liberados, huyen de sus casas y tratan de hacerse su propio camino, pero muy pocos de ellos llega más allá del vandalismo. Pero algunos, como es el caso de Mamita, no son capaces de huir. Son gente acostumbrada a vivir de una manera, gente que nacía con la idea de lo que iba a ser su vida en el futuro, gente que no admitía considerarse con los mismos derechos que sus amos. Cuidar la casa y a sus amos era su labor, y si después de pasar toda su vida viviendo de esta manera alguien de repente les dijo que ya no tenía por qué ser así, que estaban obligados a cambiar por completo sus costumbres y empezar a vivir de un modo completamente distinto a lo que lo habían vivido ellos, sus padres, y los padres de sus padres; obviamente fue un impacto grande al que muchos no lograron adaptarse.

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Pero creo que aun me queda hablar de otro tipo de gente. Gente como Scarlett O’Hara, Rhett Butler o Johnnie Gallegher. Algunos nacieron siendo pobres y otros siendo ricos, pero tuvieron que pasar por lo mismo. Y lo que tienen en común es lo que les permitió salir de la miseria: la capacidad de seguir hacia delante. Algunos se aprovechaban de la pobreza ajena, otros se buscaban sus propias estratagemas para meterse un fajo de billetes en el bolsillo…, en fin.

“Las mujeres pueden hacer cualquier cosa, todo, sin el auxilio masculino… excepto parir hijos, ¡y Dios sabe que ninguna mujer con todos los sentidos cabales tendría hijos si pudiese evitarlo!”

Y finalmente llegamos a Scarlett. Como ya hemos dicho antes, inocente, egoísta y obstinada. Sencilla y avispada. Caprichosa. Scarlett O’Hara es la chica rebelde y atractiva que da vida al libro, es con la que comienza y termina la historia. Es la que más sufre y la que más disfruta. Mirándolo bien, Scarlett pasa de la alta cuna, a la más baja miseria, y de ésta, a la absoluta riqueza. Para ella, el dinero es lo que hace a la vida, sin él no podría vivir. Y para obtenerlo, se somete a duras burlas, comentarios despreciativos, rumores, calumnias. Ése es el dilema que Rhett le propone: ¿de veras es tan importante lo que piensen los demás? ¿Tan significativas son las opiniones ajenas? No sé si Scarlett acaba aclarándose con esto. Al principio, su respuesta a la pregunta es obvia: por supuesto que sí. La vida social de una persona lo es todo. Pero gracias a Rhett, acaba por casi deshacer completamente esta idea de su mente. Comenzando por el baile mientras está de luto, su segundo casamiento, la serrería, trabajar embarazada, tratar con yanquis; su tercer casamiento después de apenas un año de luto, y además, con Rhett Butler… No es hasta el final del libro cuando hay algo que acaba por afectarle de verdad: ser vista abrazada a Ashley Wilkes. Es entonces cuando todo se desmorona a su alrededor, y no es capaz siquiera de salir a la calle, temerosa de lo que digan. Ahí es cuando queda el dilema sin solucionar, pues Scarlett, al recuperarse, vuelve a su vida de siempre.

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“Hasta que uno no ha perdido la reputación, no comprende que era un peso enorme y que la libertad es algo formidable.”

Hemos dicho que Scarlett es una chica bastante inocente, pero no inmadura. Porque desde que comenzamos a leer hasta que acabamos, pasan cerca de diez años donde la mentalidad de ésta va cambiando. Ésta podría ser una de las razones por las que las opiniones ajenas le importasen cada vez menos: porque madura. Y es fácil darse cuenta de esto si nos fijamos en Ashley y Melanie. Comencemos por Ashley. Cuando éste se casa, su principal objetivo es conquistarlo de alguna manera, la que sea, aunque signifique tener que escaparse y vivir solos. Esta idea deja de existir poco a poco, y pasa a convertirse en el mero hecho de quedarse a solas los dos, simplemente para hablar de su relación y darse algún que otro cariño. Pero finalmente, ella misma decide no interponerse más en el matrimonio de sus dos amigos y tratar a Ashley como tal. Su relación con Melanie va al contrario. Para ella, Melanie es una enemiga, es el obstáculo que se interpone entre ella y Ashley. Pero habiéndole hecho una promesa a Ashley, la cuida durante su embarazo, su enfermedad, incluso cuando se encuentran en la pobreza más grande la mantiene a su lado. Aun así, sigue viéndola como a una muchacha tonta a la que quiere olvidar. Pero no puede. No puede, porque ella es la única que sigue queriéndola a pesar de todos los rumores que vuelan a su alrededor, es la única que le da fuerzas para levantarse cuando se encuentra indispuesta… Pero lamentablemente, empieza a verla como amiga cuando ya es demasiado tarde.

“Anímese, querida. Algún día la besaré y a usted le agradará. Pero ahora no. Le ruego que no sea tan impaciente.”

Un matrimonio sólo puede ser feliz entre dos personas parecidas. Ésta es la frase que se repite constantemente durante todo el libro, pero que solo cobra sentido al final. Una frase que dicen tanto Ashley como Rhett, pero que solo uno comprende del todo. Scarlett se encariña de Ashley desde el inicio de la historia, y siendo así de caprichosa nadie consigue sonsacarle esa idea de la mente. Ashley es lo único que le importa en ese momento, y por ello no se da cuenta de la realidad. Y aunque éste sea más maduro que ella, y no lo saque tanto a relucir, también está en la misma situación. Pero sin embargo, cuando Melanie muere y los dos tienen la oportunidad de estar juntos, es cuando se dan cuenta de que no están hechos el uno para el otro, cuando se dan cuenta de que lo que les habría hecho felices lo habían tenido delante de sus narices todo el tiempo, y de que lo acababan de perder. Ashley pierde a Melanie, y Scarlett a Rhett. Pero por muy poco que me guste este final, no lo cambiaría ni aunque pudiera, porque acaba tal y como debe terminar.

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Y antes de finalizar, quiero mencionar a Rhett Butler. Un hombre decidido, apuesto, que sabe lo que quiere, que no se deja engatusar por nadie y que se enorgullece hasta de sus peores faltas. Un hombre que aunque lo oculte, bueno, atento y justo. Y vanidoso. Creo que eso es lo que le hace perder a Scarlett, porque al fin y al cabo, ella no es la única culpable. Si hay algo que desea más que a Scarlett es conservar la imagen que se han creado de él los demás, y es por eso que nunca acaba por entregarle del todo su amor, solo por el miedo a ser rechazado.

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